El terremoto de 7,4 grados que sacudió la costa de Chiapas el 18 de julio de 2026 no reportó daños significativos en edificios ni infraestructura, según informes oficiales.
A pesar de su intensidad, el epicentro ubicado a 135 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo, frente a las costas del Pacífico, y su profundidad de 10 km redujeron el impacto.
Los expertos destacan que la distancia respecto a zonas pobladas y el hecho de que el epicentro esté en el mar son factores clave para minimizar los daños.Este escenario contrasta con el sismo de 2017, de 8,2 grados, que dejó 99 muertos y miles de damnificados.
El sismólogo Luis Quintanar Robles explica que la energía liberada en este caso fue aproximadamente 30 veces menor que en 2017, lo que explicaría la ausencia de colapsos estructurales.La noticia resalta la importancia de la ubicación geográfica y la magnitud del sismo como variables determinantes en los efectos causados.
Título original: Por qué el terremoto en México no ha causado grandes daños a pesar de su intensidad
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