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Kyle Adler, chileno-estadounidense y administrador de gimnasios en Denver, vivió una intensa crisis de identidad al descubrir que había sido uno de los bebés robados durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Adoptado en Chicago en 1990 a los nueve meses, Adler fue criado por una familia que le brindó amor y cuidado, aunque desconocían las circunstancias de su adopción.
Tras años de incertidumbre y búsqueda personal, comenzó a rastrear su origen a través de pruebas de ADN y organizaciones que ayudan a personas adoptadas en situaciones similares.
Gracias a la ONG 'Nos Buscamos', logró confirmar su verdadera historia y se preparó para viajar a Chile, donde se reunió con su madre biológica, Ana María Navarrete, y algunos de sus hermanos en Coronel.
La madre, quien había entregado a Kyle siendo muy joven y sin apoyo, relató que la adopción pudo haber estado vinculada a una red ilegal de adopciones, aunque nunca se logró confirmar.
Este reencuentro permitió a Adler reconstruir su identidad y sentir nuevamente el vínculo con su familia de origen, cerrando un capítulo doloroso de su vida y comenzando uno de reconciliación y conocimiento de su historia personal.
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