La polarización extrema en las elecciones presidenciales de Colombia y Perú refleja el deterioro de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevas dinámicas políticas.
Los candidatos promovieron discursos confrontativos, sin encontrar puntos de consenso, lo que generó debates superficiales y un desgaste de liderazgos.La campaña destacó por ataques personales entre figuras como De la Espriella vs.Cepeda y Sánchez vs.Keiko, evidenciando una fragmentación ideológica.Además, el fracaso en encuestas de adhesión afectó a líderes como Uribe y Petro, quienes perdieron influencia sobre sus candidatos.
Este escenario sugiere un sistema partidista en crisis, con movimientos como el nacionalismo populista influenciado por el trumpismo o la bancarrota de la democracia liberal.La situación exige un análisis profundo para entender las demandas sociales y las transformaciones políticas en la región.
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