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El fenómeno de El Niño ya fue confirmado por organismos como la NOAA y la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), y se encuentra actualmente activo en el país.
Sin embargo, a diferencia de lo que se anticipaba, el invierno ha comenzado con una marcada ausencia de precipitaciones en gran parte del territorio chileno, lo que ha generado dudas sobre su real impacto.
Según especialistas, esto no implica que el fenómeno no esté presente, sino que su influencia ha sido parcialmente bloqueada por otros patrones climáticos, especialmente la Oscilación Antártica (SAM), que alcanzó valores inusualmente positivos en las últimas semanas.Este fenómeno ha intensificado los vientos circumpolares, dificultando el ingreso de sistemas frontales hacia Chile continental.
Climatólogos explican que El Niño requiere más tiempo para influir plenamente en la atmósfera, ya que depende del calentamiento sostenido de la superficie del océano Pacífico.A medida que esto ocurra, se espera una mayor probabilidad de apertura de corredores para el ingreso de lluvias.
De hecho, algunos expertos no descartan que durante los próximos meses de invierno aún se registren eventos de precipitaciones intensas, especialmente hacia agosto o incluso más adelante.
Las proyecciones climáticas apuntan a que el fenómeno podría intensificarse hacia la categoría de “muy fuerte” durante la primavera y el verano 2026-2027, lo que aumentaría el riesgo de lluvias intensas y eventos extremos en Chile.
Además, se anticipa un escenario de “primavera lluviosa y verano caluroso”, con temperaturas elevadas especialmente entre noviembre y febrero, lo que podría afectar tanto a la población como a la agricultura.En síntesis, El Niño está presente, pero sus efectos más notorios aún están por venir.
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