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La ciudad de La Paz, en Bolivia, vive una fuerte crisis social y política tras cuatro semanas consecutivas de protestas que han derivado en violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas policiales.
Miles de personas, entre mineros, campesinos, transportistas y obreros, han salido a las calles para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, a quien responsabilizan por el deterioro de la economía y diversas decisiones gubernamentales que han generado malestar generalizado.
La jornada más reciente de movilizaciones se desarrolló en el centro de la capital boliviana, donde los manifestantes intentaron llegar a la plaza de armas, sede del poder ejecutivo, siendo detenidos por un fuerte cordón policial.
Las fuerzas del orden utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, mientras algunos grupos respondieron con piedras, palos, petardos e incluso artefactos explosivos improvisados, lo que intensificó el caos en la zona.
Pese al anuncio del presidente de reducir su salario a la mitad como medida simbólica para calmar el descontento social, la protesta no se detuvo y, por el contrario, se incrementó la tensión.
Los manifestantes también denuncian problemas económicos como el aumento del costo de vida y la supuesta distribución de combustible de baja calidad, que habría afectado a miles de vehículos.
Hasta el momento, se reportan detenidos durante los disturbios y un clima de alta tensión política en Bolivia, donde diversos sectores sociales mantienen su demanda de cambios estructurales y mayor atención a la crisis económica que atraviesa el país.