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Un análisis realizado por The Washington Post evidencia que el presidente Donald Trump ha incrementado notablemente el uso de lenguaje vulgar, insultos personales y retórica egocéntrica durante su segundo mandato.
Mientras que en su primer periodo presidencial alrededor del 40% de sus discursos incluían términos vulgares, en el segundo mandato esta cifra subió a un 93%.
Las publicaciones en redes sociales con contenido insultante también se triplicaron, reflejando un estilo más combativo y confrontativo, según historiadores y expertos en presidencia.
Trump utiliza palabrotas y un lenguaje fuerte para intimidar a sus opositores y justificar sus acciones políticas, desde desplegar agentes federales en ciudades demócratas hasta amenazas públicas.
Sus publicaciones en Truth Social muestran que cerca de un tercio se realizaron entre la noche y la madrugada, aumentando la frecuencia de referencias a sí mismo con pronombres en primera persona.
La Casa Blanca defiende que este estilo refleja autenticidad y sinceridad, mientras que especialistas advierten que el lenguaje grosero puede afectar la percepción de liderazgo tanto en el país como en el extranjero.
Comparado con presidentes anteriores, Trump rompe con la tradición de discursos cuidadosamente redactados y lenguaje formal, convirtiendo su crudeza verbal en una característica central de su imagen pública.
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