La captura de Ismael 'El Mayo' Zambada y Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo Guzmán, marcó un punto crucial para el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su sexenio.
La operación fue pactada directamente con Estados Unidos, lo que generó tensiones internas en Palacio Nacional al descubrirse nexos entre altos funcionarios mexicanos y el Cártel de Sinaloa.
El embajador Ken Salazar, aunque tenía derecho de picaporte, no compartió información previa sobre la operación, lo que alimentó sospechas de falta de transparencia.
La crisis afectó a la presidenta electa Claudia Sheinbaum, quien fue obligada a acompañar al expresidente en un acto público para manejar la situación.
El caso revela complejidades políticas y éticas dentro del gobierno mexicano, destacando la importancia de la transparencia en la administración pública.
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