El reloj detenido que salvó una vida
La columna de opinión reflexiona sobre cómo la final de la Copa del Mundo entre Argentina y España trasciende el resultado deportivo para convertirse en un fenómeno social y emocional.
La autora, psicopedagoga y especialista en neuroeducación, sostiene que el fútbol funciona como un espacio de encuentro en una sociedad marcada por divisiones, tensiones y conflictos cotidianos.
Según explica, los grandes eventos compartidos generan un sentimiento de pertenencia que fortalece los vínculos entre las personas y permite que millones vivan una misma experiencia al mismo tiempo.
Desde la perspectiva de la neurociencia, señala que durante estas situaciones se activan mecanismos como las neuronas espejo y la liberación de oxitocina, favoreciendo la empatía, la conexión y la denominada efervescencia colectiva.
Además, destaca que el liderazgo de Lionel Messi representa un modelo basado en el esfuerzo, la resiliencia, el trabajo en equipo y el respeto por los demás, valores que considera aplicables tanto en la educación como en la vida cotidiana.
La autora también plantea que, en una época caracterizada por la hiperconectividad digital y el aislamiento social, el fútbol recupera la importancia de compartir tiempo y emociones de manera presencial.
Finalmente, invita a reflexionar sobre la necesidad de crear más momentos de encuentro con familiares, amigos y comunidades, sosteniendo que el verdadero legado de estos eventos no depende del resultado del partido, sino de la capacidad de fortalecer el sentido de comunidad y recordar que la cooperación y la empatía son fundamentales para la convivencia.
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