Gestores culturales del Atlántico reciben formación en inteligencia artificial aplicada a la danza y la creación artística
En el contexto electoral colombiano, instituciones como la Registraduría Nacional y la Misión de Observación Electoral han alertado sobre el aumento de estrategias de desinformación apoyadas en tecnologías emergentes.
Este fenómeno, conocido como 'guerra cognitiva', implica el uso estratégico de información, narrativas y tecnologías digitales para influir en la percepción, decisiones y comportamientos de individuos y colectivos.
Los ataques de odio digitales, que incluyen deepfakes, bots, trolls y memes, buscan construir amenazas, identificar culpables y activar emociones negativas, afectando la confianza pública y la reputación de personas, grupos e instituciones.
La guerra cognitiva no se limita a dividir opiniones, sino a dañar de manera dirigida, manipulando la interpretación de la realidad por parte de la población.
Estudios en psicología moral, neurociencia social y ciencia política muestran cómo los mensajes con carga moral-emocional se difunden más rápidamente y consolidan narrativas polarizantes.
Para enfrentar esta amenaza, se recomiendan cinco estrategias: identificar las narrativas antes de reaccionar, implementar prebunking e inoculación cognitiva, promover la verificación de información, usar inteligencia artificial para detección temprana y fortalecer la alfabetización digital y la resiliencia cognitiva.
El desafío principal radica en que esta violencia es invisible y no deja daños físicos inmediatos, pero impacta profundamente en la credibilidad, legitimidad institucional y cohesión social.
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