Horóscopo del día: Consejos y predicciones para cada signo zodiacal
El artículo analiza los principales desafíos que acompañan el rápido desarrollo de la inteligencia artificial generativa y de los grandes modelos de lenguaje (GoLLeMs), destacando que sus beneficios en áreas como la educación, la medicina, la investigación científica y la productividad también implican importantes responsabilidades.
El autor explica que el entrenamiento y funcionamiento de estos sistemas requiere enormes centros de datos que consumen grandes cantidades de electricidad, agua y materiales, lo que incrementa el impacto ambiental, especialmente cuando la energía utilizada proviene de combustibles fósiles.Además, señala que el uso intensivo de agua para enfriar los servidores puede generar conflictos con comunidades que enfrentan escasez del recurso.
También aborda el costo asociado a la extracción de minerales como litio, cobalto y tierras raras, indispensables para fabricar los equipos tecnológicos.
En el ámbito ético y político, el texto advierte que estos modelos dependen de cantidades masivas de datos obtenidos de diversas fuentes, lo que abre debates sobre privacidad, consentimiento y derechos de autor.
El autor sostiene que el control de los datos representa una nueva forma de concentración de poder, ya que permite conocer e influir en los comportamientos de millones de personas.
Asimismo, alerta sobre la falta de transparencia de los algoritmos y el riesgo de que reproduzcan sesgos presentes en la información con la que fueron entrenados.
Finalmente, plantea que el desarrollo de la inteligencia artificial debe acompañarse de normas que promuevan la sostenibilidad, la protección de los datos personales, la rendición de cuentas y la supervisión democrática, con el objetivo de que esta tecnología contribuya al bienestar colectivo sin profundizar las desigualdades ni concentrar aún más el poder.