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El ingeniero aeroespacial australiano Ben Biggs, junto a su compañero Aidan del canal de YouTube Drone Pro Hub, desarrolló un dron experimental llamado “Blackbird” que alcanzó velocidades cercanas a los 700 km/h, con picos de hasta 730 km/h en condiciones favorables de viento y un mínimo de 640 km/h en el vuelo inverso.
El promedio de ambas pruebas fue de aproximadamente 685 km/h, lo que lo posiciona como uno de los drones más rápidos jamás construidos, superando registros previos no oficiales en el ámbito de aeronaves de alta velocidad.
El avance técnico clave del proyecto se encuentra en el rediseño completo del sistema de propulsión, especialmente en las hélices fabricadas en fibra de carbono.
Estas incorporan un ángulo de ataque mucho más pronunciado de lo habitual y bordes dentados con forma de sierra, una innovación destinada a mejorar el comportamiento aerodinámico a velocidades extremas.
Según los desarrolladores, esta geometría genera microvórtices que ayudan a mantener el flujo de aire adherido a la superficie de las palas, evitando la pérdida de eficiencia y permitiendo una mayor estabilidad del empuje.
El proyecto surge tras la pérdida de un récord previo del equipo, lo que los llevó a rediseñar completamente el dron para recuperar la ventaja competitiva en el segmento de drones FPV de alta velocidad.
Aunque los resultados aún no fueron homologados por Guinness World Records, la comunidad de ingeniería aeronáutica y aficionados muestra gran interés por el desarrollo, considerándolo un avance relevante en el diseño de aeronaves no tripuladas de alto rendimiento.
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