Análisis del desgaste de la imagen presidencial y las proyecciones de la élite política y económica
La escritora Paloma Fabrykant comparte una columna de opinión en la que describe su dificultad para conectar con la pasión colectiva que despierta el fútbol, especialmente durante los Mundiales.
Mientras gran parte de la sociedad argentina vive cada partido con intensidad emocional, rituales y supersticiones, la autora reconoce sentirse completamente desconectada de ese fervor popular.
A lo largo del texto relata cómo, cada cuatro años, vuelve a experimentar una sensación de exclusión social al no compartir el entusiasmo generalizado por la Selección Argentina.
Fabrykant explica que intenta integrarse en conversaciones futboleras imitando comentarios o reacciones de otros hinchas, aunque finalmente su desconocimiento termina quedando en evidencia.
La autora mezcla humor y autocrítica para describirse como una “analfabeta futbolística” y se pregunta si su falta de interés puede tener raíces familiares o incluso genéticas.
También expresa cierta admiración y envidia hacia quienes sí logran emocionarse profundamente con el deporte, comparando esa pasión con otras formas de fanatismo o militancia colectiva.
El texto también retrata escenas típicas del clima mundialista en Argentina: reuniones entre amigos, cábalas, partidos vistos en el trabajo y recuerdos de la consagración en Qatar 2022.
En el cierre, la escritora revela con ironía que se quedó dormida durante el tiempo suplementario de la final contra Francia y se despertó recién con los festejos del campeonato.
La nota utiliza un tono confesional y humorístico para explorar la presión social que puede generar no compartir una pasión considerada casi identitaria en el país.
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