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Una investigación publicada en la revista científica Frontiers in Psychiatry analizó cómo el ejercicio físico intenso y breve podría ayudar a personas que sufren ataques de pánico frecuentes.
El estudio incluyó a 72 adultos sedentarios diagnosticados con trastorno de pánico, quienes participaron durante 12 semanas en un programa supervisado.
Los participantes fueron divididos en dos grupos: uno realizó ejercicios intensos intermitentes, principalmente sprints cortos, mientras que el otro siguió sesiones de relajación con respiración profunda y ejercicios musculares.
Los investigadores observaron que quienes practicaron actividad física intensa presentaron una disminución mayor en la frecuencia y severidad de los ataques de pánico en comparación con el grupo de relajación.Además, mostraron menos síntomas asociados a depresión.
Según los autores, este tipo de entrenamiento permite que las personas experimenten sensaciones físicas similares a las de un ataque de pánico —como taquicardia o dificultad para respirar— en un entorno controlado, ayudando a reinterpretarlas como respuestas no peligrosas.El estudio utilizó la Escala de Pánico y Agorafobia para medir la evolución de los pacientes al inicio, durante y después del tratamiento.Los beneficios del ejercicio se mantuvieron incluso semanas después de terminar las sesiones.
Especialistas externos señalaron que los resultados coinciden con evidencia previa sobre los efectos positivos del ejercicio aeróbico en la ansiedad y el estado de ánimo.
Sin embargo, también advirtieron que el estudio tiene limitaciones, como el tamaño reducido de la muestra y el hecho de que todos los participantes eran sedentarios, por lo que los resultados no necesariamente se pueden aplicar a toda la población.
Aun así, los autores consideran que este tipo de actividad podría transformarse en una alternativa complementaria y accesible para tratar el trastorno de pánico.
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