La cobertura televisiva de fenómenos extremos ignora la mención explícita al cambio climático
Un equipo de científicos liderado por la Universidad de Cambridge y la organización Real Ice está llevando a cabo un experimento en Cambridge Bay (Nunavut, Canadá) que consiste en bombear agua de mar sobre el hielo del Ártico durante el invierno para aumentar su grosor.
La idea es aprovechar las bajas temperaturas extremas de la región para que el agua se congele rápidamente sobre la superficie del hielo existente, reforzándolo y ayudando a que resista mejor el deshielo estival.En pruebas recientes se han bombeado unas 50.000 toneladas de agua, logrando añadir aproximadamente 50 centímetros a una capa de hielo natural de 1,5 metros.
Los primeros resultados muestran que el hielo tratado es más grueso, más brillante y se derrite más lentamente que el hielo circundante no intervenido.Además, las imágenes por satélite han mostrado diferencias visibles entre las zonas tratadas y las no tratadas.
El proyecto, financiado por la agencia británica ARIA, se enmarca en el campo de la geoingeniería climática, una disciplina que busca intervenir de forma directa en sistemas naturales para mitigar los efectos del cambio climático.
Sin embargo, esta aproximación genera un intenso debate científico y ético, ya que algunos expertos advierten de los riesgos ecológicos, la incertidumbre sobre sus efectos a gran escala y la posibilidad de distraer la atención de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.También se están estudiando posibles impactos en la salinidad, la vida microbiana y el equilibrio del ecosistema polar.
Aunque los resultados iniciales son prometedores a pequeña escala, el propio equipo reconoce que aún está lejos de ser una solución climática real y que su viabilidad global sigue sin demostrarse.
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